Un mundo nos vigila

El Porfiriato - Vida Cotidiana

Los últimos años del siglo XIX desataron una fe ciega por el progreso y la ciencia, por los descubrimientos y las invenciones.El inicio de la nueva centuria fue acompañada por una serie de inventos que anunciaban el paso firme del mundo moderno: El cinematógrafo, el teléfono, el automóvil, la motocicleta, el aeroplano, el petróleo, el despliegue pleno de la energía eléctrica, el perfeccionamiento de las máquinas de vapor, la telegrafía inalámbrica.

En medio de la vorágine de modernidad y progreso no era difícil encontrarse con historias asombrosas. Establecida en Piedras Negras, Coahuila, la familia Vasconcelos solía realizar su paseo dominical en la población fronteriza de Eagle Pass. José -el futuro intelectual y político- apenas cruzaba los diez años y disfrutaba al máximo aquellos paseos. En una ocasión, cuando regresaban de su visita a los comercios estadounidenses, al cruzar el puente internacional, cerca del mediodía, observaron algo extraordinario.

""De pronto, nacidos del seno humoso del ambiente -recordaría años después José Vasconcelos-, empezaron a brillar unos puntos de luz que avanzado, ensanchándose, tornábanse discos de vivísima coloración bermeja o dorada. Con mi madre y mis hermanas éramos cinco para atestiguar el prodigio. Al principio creíamos que se trataba de manchas producidas por el deslumbramiento de ver el sol. Nos restregábamos los ojos, nos consultábamos y volvíamos a mirar. No cabía duda; los discos giraban, se hacían esferas de luz; se levantaban de la llanura y subían, se acercaban casi hasta el barandal en que nos apoyábamos. Conmovidos comentábamos, emitíamos gritos de asombro, gozábamos como quien asiste a una revelación"".

Vasconcelos nunca pudo encontrar una explicación lógica al fenómeno que presenció. Por entonces no era común hablar de seres extraterrestres y mucho menos de ""ovnis"". ¿Alucinación, sueño, imaginación, realidad? Nunca lo sabría, pero al acercarse el siglo XX, todo era posible.